Entre Pensares y Vendettas

Entre Pensares y Vendettas

viernes, 4 de mayo de 2018

Mataron a la madre, no a su grito


Mataron a la mujer de Simón.
La dulce Doña Petra, secuestrada
-por tomar las verdades con limón
y tequila-. Una historia ya cansada.

Doña Petra, negociante y matrona...
mujer a la que todos respetamos
-delicada, tenaz y muy gritona...-
cuando a su mesa fuimos y brindamos.

La mataron después que preguntó
por retoños perdidos desde marzo...
Hoy, de nuevo, su grito nos juntó
a los hijos del águila y del zarzo.

Autor: Jorge de Córdoba

viernes, 27 de abril de 2018

De los verdaderos caudillos


El morir peleando, para el pobre,
es lo correcto. Siempre que no cueste
demasiado al tesoro en plata y cobre...
¡A la fosa! evitando que se apeste.

No coincido contigo, buen Melquiades.
Pues nuestra historia, en México,
está plagada, en mil barbaridades
sea cual sea nuestro santo léxico.

Las leyendas se hicieron con un fin:
Contener, sacudir o motivar.
A nadie le importó del aserrín
el destino o la leña por quemar.

Autor: Jorge de Córdoba

Para el pugilista de la palabra:
El buen Melquiades de San Juan

jueves, 5 de abril de 2018

Muere mujer en nosocomio


El murmullo estruendoso de cantina
se refleja en pasillos y butacas...
pues ha muerto Raquel, de manos flacas,
ojos sumidos, piel seca, opalina.

Otra madre perece en su miseria...
abandonada, cual semilla rota.
¡Perdone presidente si en la histeria
lo señalo al matarnos gota a gota!

Después que falleció, llegaron manos
a levantar aquel despojo en vida...
pues la mujer de llanto y gritos vanos
partió con su bebé ya sin salida.

Autor: Jorge de Córdoba


Jeremias 31:15 “…Se oye una voz en Ramá, lamento y llanto amargo. Raquel llora por sus hijos; rehúsa ser consolada, por sus hijos que ya no existen.”

domingo, 25 de marzo de 2018

Resiste o muere


A los huesos que jamás sucumbieron de dolor
a la simiente que nunca pasó de la calentura
a la jornada que trunca pagó la cuenta y factura
a quienes viven de más... a los cuadros sin color.

Maldice a tu dios y muere*. ¡Que ésa sea tu sentencia!
pues los golpes que recibes son los mismos galardones
de aquello que nunca escribes y perece en los tizones
de quien era y nunca fuere resultado y penitencia.

¡Desangra tus intestinos y vomita tu veneno!
Todo lo que le parece gentil al juicio del hombre
es semilla que perece... sacrificada... ¡sin nombre!
arrojada en los caminos, a la vera del terreno.

Autor: Jorge de Córdoba




* Job 2:9

jueves, 22 de marzo de 2018

Opus magnum


El azufre, el mercurio... con su manto
de sal, son la amalgama bendecida.
Fresca, en el atanor preconcebida,
irradia sus temblores en un canto.

Si fueron decantados en mesura
escaparán del óxido cobarde.
Importa que la espada sin alarde
se humedezca en la roca con cesura.

La crisopeya tiene sus bemoles
basados en paciencia del tenaz;
que al descubrir los modos del matraz
debela el atanor en sus tremoles.

Autor: Jorge de Córdoba

viernes, 2 de marzo de 2018

Nos joroban

Se dice del destino tantas cosas...
que se rindió, postrado de rodillas,
al demonio de cosas tan sencillas
como treinta monedas en baldosas.

Dividen al humano con barreras
para ganado muerto de terror;
nos pregonan mentiras del error
y pagamos por guerras extranjeras.

El presidente güero con peluca...
bien dice lo que piensa -sin pensar-
Dudamos si reír o mal llorar
al tener la pistola tras la nuca.

Nos dicen que recemos mientras roban
el legado de mil generaciones.
¡Hombre! si nos auditan las raciones...
en tanto se enriquecen, nos joroban.

Autor: Jorge de Córdoba

jueves, 15 de febrero de 2018

Sentir lo que ves


El dios de los hebreos sigue ciego
o simplemente dado a complacencias
puesto que, por sus celos, no lo niego,
me parece un ególatra en creencias.

El dios de los católicos, lo mismo,
nos regala albedrío y nos patea
las posaderas siendo un eufemismo
de palabra que solo te marea.

El cruento sincretismo japonés
pareciera sensato en estos días.
Siempre es mejor sentir en lo que ves
y agradecer los retos o alegrías.

Por cierto, que mi dios no pide plata...
ni reclama atenciones incesantes.
Mi dios no me amenaza, ni me mata
si profeso el amor de los amantes.

Autor: Jorge de Córdoba